Juan Torres

Diseño web

Analizar una web online: la web que espanta clientes (y no es solo por el diseño)

Analizar web online: las señales de desconfianza que hacen que un cliente se vaya antes de contactar. Revisa fotos, precios, reseñas, horarios y contacto.

12 min de lectura

"No entiendo por qué no me llaman." Es una frase que se repite cuando alguien me enseña su web. No es fea, carga y se ve en el móvil. Pero tiene un precio de 2021, una foto de archivo y un teléfono que ya no usa.

No es solo un problema de diseño visual. Es un problema de confianza.

Cuando alguien entra en la web de un negocio local, no está evaluando tu gusto. Está buscando motivos para confiar o para irse. Y la mayoría de las veces los encuentra en detalles que no tienen nada que ver con el color del botón.

Qué significa analizar una web online

Analizar una web online no es sacar una nota. Se trata de mirarla como la mira un cliente que no te conoce, tiene prisa y desconfía.

No hace falta un informe largo para empezar. Busca las señales que dicen "esto no está cuidado" o "aquí me van a cobrar de más".

Quien entra se pregunta si esto está vivo, si es real y qué pasa si contacta. Si la web no responde a esas preguntas, el diseño da igual.

Estas son las señales que más veo. No todas estarán en tu web, pero las que estén pueden estar costándote clientes.

Señal 1: la web parece abandonada

Una web puede estar preciosa y parecer cerrada. Pasa cuando el último artículo es de 2022 o cuando la promoción de verano sigue publicada en enero.

Quien entra no sabe si el negocio sigue abierto. Y si duda, no llama. No porque sea dramático, sino porque tiene otras tres pestañas abiertas.

Revisa las fechas. Quita lo que ya no existe. Actualiza el horario y los precios. Si no vas a mantener un blog, quítalo. Un blog abandonado no ayuda.

Mira también los enlaces a redes sociales. Un icono que lleva a una cuenta sin publicar desde 2021 dice más que cualquier frase sobre tu profesionalidad.

Señal 2: las fotos no son tuyas

Las fotos de stock suelen reconocerse. El equipo perfecto sonriendo en una oficina que no existe. El fontanero con guantes azules mirando una tubería con admiración.

No son un delito. Pero no son una prueba.

El visitante quiere saber que hay alguien detrás. Una foto del taller, de la furgoneta o de la persona que va a coger el teléfono vale más que diez imágenes de archivo. Un fotógrafo no es obligatorio. Basta con que sea real.

Puedes empezar con una sola foto: el sitio donde trabajas o la persona que atiende. Cámbiala cuando cambie la persona o el espacio. Eso ya es una señal de vida.

Señal 3: no hay reseñas o están muertas

Una web puede decir "más de veinte años de experiencia" y no mostrar una sola prueba. El cliente no sabe si eso es verdad. En mi experiencia, las reseñas son una de las pruebas más baratas que existen.

Pero no cualquier reseña. Una reseña de 2019 no dice nada de cómo trabajas hoy. Una reseña con nombre, servicio y detalle sí. "Me cambiaron la persiana en un día y me avisaron antes de llegar" vale más que cinco estrellas sin contexto.

Si tienes reseñas en Google, enséñalas también en la web. Y pide reseñas a quienes ya te han contratado. No hace falta inventar. Una reseña inventada es una prueba que se rompe en cuanto alguien pregunta.

Y si un cliente se queja, no borres la queja. Responde. La forma de responder también es una prueba.

Señal 4: el precio es un misterio

Hay negocios que no publican precios porque cada caso es distinto. Es razonable. Lo que no es razonable es que el visitante no tenga ni una referencia.

Si no puedes dar un precio cerrado, da una horquilla, un "desde" o explica de qué depende. "La primera consulta es gratis" también es información. "Consúltanos" no lo es.

Cuando no hay ningún precio, muchas veces la persona supone lo peor. No piensa "será razonable". Piensa "me van a cobrar lo que quieran".

Esto no va de tirar los precios. Va de dar suficiente información para que alguien decida si puede permitirse hablar contigo.

Señal 5: no sé si me vas a contestar

El cliente ya ha decidido. Quiere llamar, escribir o pedir presupuesto. Y entonces aparece la duda: ¿me contestará? Esa duda no se resuelve con un botón grande. Se resuelve con información.

Un teléfono visible, un WhatsApp que abra una conversación y un formulario que confirme que el mensaje ha llegado. Si puedes, di cuándo vas a responder. "Te contesto en menos de 24 horas" es una promesa concreta. "Te contestaremos lo antes posible" no dice nada.

Y prueba el formulario. Envíalo desde otro correo y comprueba que llega. Si no recibes confirmación, el cliente tampoco sabe si ha hablado contigo o con el vacío.

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Señal 6: no se sabe quién está detrás

En un negocio local, la confianza también decide. Y tiene cara, calle y nombre.

Si la web no dice quién eres, dónde estás ni quién atiende, el visitante solo tiene una promesa. Una promesa sin cara es más difícil de creer.

Un "quiénes somos" de tres párrafos no es necesario. Con una foto, un nombre, una dirección y una frase que explique por qué haces esto basta. También necesitas un aviso legal y una política de privacidad que existan. No porque queden bien, sino porque su ausencia dice "esto lo montó alguien y lo dejó ahí".

Si trabajas desde casa y no quieres poner tu dirección, puedes decir la zona en la que trabajas. Pero no desaparezcas.

Señal 7: la web va mal o tiene errores

Una web que tarda en abrir, que se rompe en el móvil o que tiene enlaces que llevan a ninguna parte transmite prisa y abandono. Casi nadie te va a decir "oye, tu menú no se abre". Se va.

Puedes detectarlo sin un informe técnico. Ábrela en un móvil que no sea el tuyo, con mala cobertura, y trata de pedir presupuesto. Si tú te cansas, el cliente también.

La velocidad dice mucho de si el negocio está al día. Y los errores pequeños también cuentan: el icono de Instagram que lleva a una cuenta borrada, el botón de WhatsApp que no abre, el PDF de la tarifa que ya no existe.

Cómo analizar tu web gratis en diez minutos

Puedes analizar tu web gratis con una prueba de diez minutos. Una auditoría web gratis puede darte una lista de errores, pero esta prueba es más pequeña: sirve para saber qué mirar primero.

  1. Ábrela en una ventana de incógnito, en un móvil que no sea el tuyo y con mala cobertura. Sin tu sesión y sin la comodidad de saber dónde está todo.
  2. Pide a alguien que no conozca tu negocio que encuentre el precio y el teléfono. Cronometra. Si tarda más de lo que tardarías en llamar, tienes un problema.
  3. Compara la web con tu ficha de Google. Horario, teléfono y dirección. Si no coinciden, nadie sabe cuál es la buena. Y cuando alguien duda, no llama.
  4. Mira las últimas cinco consultas y prueba el formulario desde otro correo. Si preguntan cosas que ya están en la web, la web no las está respondiendo.

Con eso puedes hacerte una idea de si el problema es de confianza o de otra cosa. Para saber si tu web funciona, no empieces por las métricas. Empieza por la prueba del cliente.

Qué revisar antes de pagar una web nueva

Si has hecho la prueba y has encontrado varias cosas, no las arregles todas a la vez. Empieza por las que dicen "esto está abandonado" o "aquí no hay forma de contactar".

  1. Las que impiden contactar: teléfono, WhatsApp, formulario y respuesta.
  2. Las que hacen que parezca que el negocio está cerrado: fechas, horarios, enlaces rotos y promociones viejas.
  3. Las que prueban que eres real: fotos, reseñas, dirección y nombre.
  4. Las que evitan que el cliente suponga lo peor: precios u horquillas, condiciones y plazos.

Algunas se pueden arreglar en una tarde. El rediseño de páginas web puede esperar. La señal de abandono, no. Si no puedes cambiar esas cosas, empieza por recuperar el acceso.

Cuando el problema no es la confianza

Hay veces que la web no espanta a nadie porque no llega nadie. Si no tienes visitas, cambiar las fotos no te va a traer clientes.

El problema puede ser que no apareces en Google, que no tienes una página para el servicio que buscan o que tu ficha de Google no existe. Lo que debe hacer una web para que te encuentren lo cuento en diseño web profesional.

Si tienes varios servicios y no sabes cuál merece una página, lo cuento en diseño web para pymes.

También puede ser que la web esté bien y el negocio no responda. La señal más cara no está en la web. Está en el teléfono que no se coge.

Y puede ser que la web necesite mantenimiento, no un rediseño. Si la web se queda parada porque nadie actualiza el programa, nadie hace copias o nadie arregla lo que se rompe, el problema es operativo. Si quieres ver qué incluye el mantenimiento y cuánto cuesta, lo explico en precio de creación y mantenimiento.

Antes de pagar un rediseño, decide qué problema tienes. Si es confianza, empieza por las señales. Si es visibilidad, revisa si apareces en Google. Si es mantenimiento, mira qué incluye el plan. Si el problema es que no hay demanda, una web no la va a crear.

Lo que de verdad importa

Una web que no espanta clientes responde cuatro cosas: qué haces, dónde, cuánto puede costar y cómo contactarte. No necesita ser la más bonita de la ciudad. Necesita que quien entra pueda responder esas cuatro cosas sin buscar.

Si las responde, el visitante tiene motivos para llamar. Si no, los tiene para irse.

Si quieres que lo veamos con calma, cuéntame qué te preocupa o mira cómo trabajo. Y si lo que buscas es que alguien se ocupe del mantenimiento, también lo podemos hablar.

PD: Una web no espanta clientes por ser fea. Los espanta por parecer abandonada.

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