Buenas!
Vivimos una época donde lo queremos todo inmediatamente. Y si no lo conseguimos, entonces perdemos interés o vamos a algo que requiera menos esfuerzo.
Es la maldición de la comparación constante con otros.
¿Para qué nos vamos a esforzar? Si sólo con mirar el móvil vamos a ver a alguien que lo haga mejor, alguien más listo, que esté más fuerte, que esté en control...
La respuesta es simple: para descubrirnos como personas, para desarrollarnos, para evolucionar y sentirnos plenos.
Cuando empezamos algo nuevo es normal que no lo hagamos bien, todos necesitamos un periodo de aprendizaje. Puede ser mayor o puede ser menor, pero todos lo necesitamos.
A pesar de tener más información que nunca, también nos resulta más difícil ponernos a hacer cosas. Sentimos incomodidad cuando se trata de aprender (y ponerlo en práctica) porque no lo hacemos bien. Nos da miedo fracasar y no hacerlo perfecto.
Y para complementar esos sentimientos, paradójicamente, sentimos placer cuando vemos a otros esforzarse en conseguir algo.
Por eso hay canales de restauración de objetos antiguos, de arte, de supervivencia, de proyectos personales: son satisfactorios de ver.
Y lo son porque consiguen un resultado y sabemos que nosotros no tenemos que enfrentar un fracaso para conseguirlo.
Eso es un parche para nuestra mente.
Sí, nos hace sentir bien durante un tiempo. Pero a la larga el golpe que nos llevamos es brutal: pasan los años y seguimos igual, no hemos aprendido nada, no hemos expandido nuestros horizontes y no hemos tenido nuevas experiencias.
Hacer lo que nos importa es incómodo, pero nos pone en contacto con nosotros mismos. Nos permite desarrollar nuestra identidad y sentirnos plenos en el largo plazo.
Todo lo que merece la pena requiere esfuerzo.
Un abrazo, Juan.