Buenas!
Hoy me he acordado de la primera respuesta cargada de odio que recibí, y quiero compartir la experiencia.
Hubo un chico que se alteró muchísimo cuando le hablé. Él iba a la universidad y me dijo que no tengo mejores cosas que hacer que intentar engañar a gente más joven que yo.
Se tomó mi mensaje como un insulto y me contó que llevaba todo sobresalientes y que, además, ayudaba en el trabajo de su familia.
Si hubiera podido, estoy seguro de que me hubiera escupido a la cara.
La sensación que me dio fue la de que era alguien inseguro: se refugió en sus buenas notas, en su inteligencia y en su trabajo duro para demostrarme que él era una persona que valía mucho (y no lo pongo en duda).
Al mismo tiempo, me intentó rebajar a con un ataque.
¿Qué le respondí?
Nada.
No creía que tuviera sentido. No era una conversación lo que él quería, sólo le interesaba atacar.
Yo tengo claro que no quiero estafar a nadie, ni engañar ni aprovecharme.
Lo que quiero es ayudar a gente como yo, y también vivir de mi proyecto.
Cuando estuve jodido hace unos años no sabía cómo empezar a cambiar, y muchas de las soluciones que vi eran ridículamente caras.
No me las podía permitir.
Me lo planteé sinceramente a pesar de la vergüenza que me daba, pero nunca me ha sobrado el dinero y no era un gasto que pudiera afrontar.
Me parece injusto que el dinero sea un factor limitante para poder trabajar en nosotros mismos.
Tengo claro a quién quiero ayudar: a gente como yo, que quiere mejorar y que no tiene el dinero para hacerlo.
Por eso no le dije nada.
Realmente me picó mucho el mensaje que me envío.
Dolió.
Pero por mi salud mental decidí no responder.
Lo que me ayudó a poder mantenerme calmado y no decir nada fue tener claro quién soy y qué valoro. Las discusiones desde luego no están en ese grupo, la paz mental sí.
Yo las veces que he discutido con alguien me ha alterado mucho. Hablar las cosas me gusta, tirar mierda no.
Es este conocimiento sobre ti mismo lo que te permite priorizar las cosas que quieres.
Un abrazo, Juan.