Buenas!
Hoy te quiero hablar del uso del móvil.
A mi me jode la mente.
Es un pozo para mi concentración que no tiene fondo. Y si sólo fuera de concentración, no sería todo lo malo.
Pero es que también lo es de emociones, de energía. Cuando lo cojo me drena las ganas de ponerme a hacer cualquier cosa.
He tenido varias épocas en las que he usado estrategias diferentes para dejar de usarlo tanto.
Lo hice porque notaba que no era bueno para mi: me hacía perder mucho tiempo y luego me sentía drenado y emocionalmente exhausto.
Lo primero que probé fue un dopamine detox. No sólo de móvil, sino de todo, youtube y música incluidos. Estuve unas semanas así y noté que mi estado emocional mejoró mucho.
Lo malo es que no es mantenible en el largo plazo.
Siempre recaía en esos estímulos. Ya fuera para aprender a seguir el ritmo en salsa o para aprender algo de programación, terminaba volviendo a mis antiguos patrones.
Otra estrategia fue ponerme un límite de veces al día para mirar el móvil. Esta no funcionó tan bien. Lo cumplía, pero me costaba mucho y estaba más tiempo pensando en que llegara el momento de mirar el móvil que en hacer otras cosas.
Después de esa vino el uso Opal para bloquear aplicaciones como WhatsApp, pero con el tiempo lo terminaba saltando.
La última estrategia es la que mejor me ha funcionado.
Llevo ya bastante tiempo que hago una cosa mucho más sencilla: lo dejo en otra habitación.
Si me apetece mirarlo puedo levantarme y hacerlo, es algo que está permitido. Pero como no lo tengo a mi alcance, no me suelo acordar cuando estoy a otra cosa.
Me cuesta menos concentrarme porque no lo tengo a la vista, y no tengo la ansiedad de no poder mirarlo porque sí me permito hacerlo.
Las veces que he abandonado el mundo digital me han venido muy bien para encontrar momentos de claridad. Dejar el móvil de lado ayuda a que nos podamos centrar en otras cosas y, por tanto, a sentirnos más plenos.
Un abrazo, Juan.